
Parece como si todo se conjuntara en contra de nuestra entidad y algunos hicieran de ello su particular agosto. Parece que la noticia les ha venido como anillo al dedo para hurgar en la llaga y hacer el mayor daño posible. De hecho han sido muchos meses estando el club en lo más alto, entre los grandes, y eso cuesta digerirlo a quienes desde su particular entripado, generador de mucha envidia, lo han tomado como una cuestión personal.
Son ellos los que hoy parecen regocijarse de lo que está sucediendo. Los que, pobrecitos, su miopía mental, su falta de materia gris, no les permite otra alternativa que reflotar su autoestima, para convertir un hecho, que al parecer tiene su importancia, en una hecatombe para una entidad como la sevillista, que tanto en estos últimos tiempos, se le está atravesando por haberse instalado en la cima de otras de sus preferencias.
Desde la experiencia que me ha dado la vida, mantengo que la solidez que hoy por hoy presenta nuestro club es sobrada para aguantar los embates que desde muchos frentes se están generando. Solidez a todos los niveles, y garantizo que si Juande ha tomado el dinero y le ha faltado tiempo para poner rumbo a su particular isla del tesoro, no le va a suponer a nuestra entidad más allá de un serio inconveniente del que a buen seguro, más temprano que tarde, se saldrá con suficientes garantías de éxito. Son de estos inconvenientes los que durante la más que centenaria historia, ha sabido salir airoso nuestro Sevilla, F.C. y hacer de él una entidad madura capaz de seguir afrontando mayores y mejores retos.
Pero también digo que, tomada la decisión por parte de Juande de rescindir unilateral su contrato y consiguientemente su marcha a estas alturas de la temporada, su persona va a salir muy maltrecha, no sólo por la afición del club que tanto le ha dado, sino por el resto de las grandes entidades deportivas, que después de tal actitud, la verán con recelo y tomarán buena cuenta sobre el particular para el futuro.
Si, como se apunta, a Juande le importa un pimiento lo que puedan pensar de su acción y lo único que tiene en mente es hacer el negocio del siglo, más allá de la situación en la que pueda dejar al Sevilla, F.C. le diré que “adiós, que le vaya bien” y “a rey muerto, rey puesto”, a partir de ahora Manolo Jiménez, entrenador, de la casa, de los nuestros, y un profesional como la copa de un pino. Estoy convencido de que lo hará como sabe. Nadie es imprescindible, sólo lo son el escudo, la bandera y la afición.
Dentro de poco contaremos este incidente como una mera anécdota, una más en nuestra más que centenaria historia.
FCO. BORREGO
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